Empresas en el Infierno

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Como este verano he andado leyendo (porque he tenido algo de tiempo) bastantes post interesantes, me leí uno que me llegó vía Lorena Ubierna (otro referente interesante al que hay que seguir) sobre como se describen los nueve círculos del infierno de Dante en las empresas actuales.

Tras su lectura (y durante ella) algo se removió dentro de mi, tal vez porque este verano ando algo sensible a lo que son los diagnóstico y la visión de las enfermedades pero algo que suelo hacer con la mayor de las frialdades me sublevo de manera extraña.

Leyendo una descripción tan consciente, objetiva y real de cuales son los síntomas y las causas de los males que acaban aislando un negocio de su entorno, no puedo entender como la gente lo ve y no hace nada, simple y llanamente espera con paciencia a que su negocio muera ¿o no?

Y ese ¿o no? es lo que más me asustó. Por que la versión vital de esta historia, es decir, la que nos enseña la experiencia de la vida o la que nos explican desde que somos pequeñitos es que no nos morimos, simplemente pasamos a mejor vida (vamos al cielo, a pesar que el artículo habla del infierno, dejemos pues en que pasamos a otro estado). Si hacemos la transposición al mundo de los negocio, la empresa no se muere, simplemente se reestructura, se hace una join venture, entra un nuevo accionista en el capital o se vende, en el mejor de los casos la sacamos a bolsa tras una gran operación de cirugía estética.

Al igual que en el ejemplo de la vida, los que nos explican que esto es así (el clero, la sociedad, etc…) son los que se aferran a que cualquier otro modelo supone la debacle, el Apocalipsis y no se cuantas cosas más. Los señores de las escuelas de negocio se empeñan en decir que este es el camino y que en caso de que la cosa vaya mal pues nada, operación de maquillaje y a ver donde pasamos el muerto. Y lo dice alguien, que antes de “quedarse sin oficina” asistió a algunos de estos entierros con toda su pompa, es más en algunos fue el maquillador oficial.

Pues miren señores, esa no es la única opción. Como bien dice el post, encerrarse y no ser “ecológico” no es el único sistema y montar un negocio para hacerlo crecer y venderselo a otro no es la única filosofía. También vale crecer junto a tu entorno y montar un negocio para que lo hereden tus hijos y que sirva como elemento de transmisión de valores sociales que se han ido creando en el proceso.

Como veréis, esto coincide bastante con el post de ayer en el que hacía un rápido análisis de la declaración de Consultoría Artesana y que seguirá mañana con otro post que ya tengo medio preparado y que va en la misma línea. En el fondo, y volviendo al ejemplo vital, ¿Para que tenemos hijos? ¿Para hacerlos grandes y cobrar la dote? o ¿Para que crezcamos juntos y mutuamente nos hagamos “mayores” y eso sirva para que el resto de los que nos rodean también lo disfruten?.

Yo llevo casi todo el verano dándole vueltas a esto y espero que si alguien de los que se dedican a ayudar a los emprendedores lee esto, al menos le dedique un tiempo a estas preguntas, lo que responda a ello no me importa mucho; como en la vida tu opción de vida siempre es buena si eres consciente de la elección que has hecho y todas las opciones son válida, no hay una mejor que otra.

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2 pensamientos en “Empresas en el Infierno

  1. Los círculos del infierno también han producido en mí un efecto que reconozco cuando, algo que me interesa, me acomodo y me reacomodo en la silla sin dejar de mirar fijamente la pantalla, leyendo de arriba abajo y de abajo arriba el texto, con la intención de entenderlo y procesarlo hasta la última letra.
    “Si alguien que se dedica a ayudar a los emprendedores lee esto…” Ostia! Ya me has picado y encina lo estoy leyendo…que responda como quiera a estas preguntas.
    ¿Cómo la gente que ve como las empresas son en muchas ocasiones entes aislados de sí mismos y eso les hace fracasar no hacen nada? Pues yo creo que la gente, per sé, suele observar y no actuar. Los que tienen que ver qué está pasando son la dirección. Mientras ellos no conozcan a los comerciales las cosas no mejoran.
    Cuando pensamos que cualquier cambio seria la debacle es que tenemos miedo a lo que pueda pasar. Y ese miedo se traduce siempre en: si alguien se da cuenta de lo poco que sé de este tema, de lo mal que lo hago, de los secretos que me guardo y que puedo utilizar…perderé mi puesto, se me verán las cartas, todos sabrán tanto como yo, aunque no sepas nada, conocerán mi debilidad y el miedo asomará por detrás de las orejas.
    Las empresas tienen miedo de cambiar porque las personas que trabajan en ellas tienen miedo de saltar sin red. Yo también, que conste, y por eso lo digo.
    En cuanto a la comparativa que se hace con los hijos y las empresas.
    Los hijos se tienen en un acto egoísta, de prolongar la estirpe, la tuya por supuesto. Se tienen porque toca, porque el método ha fallado, porque el entorno nos presiona, por amor, porque sí.
    Por estas mismas razones y más que me dejaré, que aunque enumeradas desordenadamente son verdaderas y/o subjetivas, las empresas se engendran y nacen de muy diversos orígenes, lo sé. Siempre con la mejor intención.
    Las empresas nacen del deseo, de la oportunidad, de la imaginación y de la desesperación. Eso las vinculará y las afectará de por vida.
    Sueldo, seguridad, amor, ilusión, pasión, reto, superación…todas son palabras que se pueden incluir en el nacimiento y crecimiento de las empresas.
    Todas, menos sueldo y seguridad se pueden aplicar a la tenencia de hijos. Seguro que ya lo sabes…y si no ya te queda menos. Un abrazo.

    • Pues bastante de razón tienes Pepa. Que lo que inmoviliza es el miedo, es cierto. Que el miedo lo produce lo desconocido, es cierto. Que el sistema premia a los que acierta y castiga a los que fallan y solo lo novedoso es premiado si además tiene éxito, es cierto. Por lo tanto aplicando esa lógica, eliminemos a los emprendedores por intrepidos, o simplemente digamosles que hagan lo que siempre han hecho. Transformaciones económicas: NO GRACIAS.

      Afortunadamente hay gente que no pensamos así.

      Montar una empresa has de hacerlo porque quieres verla crecer y que sea el legado a otros que le darán la continuidad. Montarla para ganar dinero, para venderla y dar el pelotazo, para lujos y demás: Al menos yo no juego a eso.

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