Muros

012-muro-berlin-144kmHoy se celebra el aniversario de la caida del Muro de Berlin, el famoso muro de la vergüenza. Ese hecho significó el fin de la guerra fria y el cambio de un modelo político y social (?), y desde luego un cambio de valores a nivel mundial.

Pero creo (y despues de cruzar un comentario con mi amiga Trina Milan) que es un buen día para pensar en todos los muros que siguen en píe y que (al menos para mi) son una vergüenza aún mayor. Quizças voy a hablar de una forma muy personal en este momento y poco distante pero debe ser que me he levantado con ganas de fiesta.

En primer lugar hay dos muros (que yo tenga en mente) físicos que son una lacra para toda la humanidad y que nos califican: El que separa Cisjordania de Israel y el que separa México de EEUU, ambos hechos con el único fin de no dejar pasar personas (tal vez es un fin estratégico y dentro de miles de años le harán la competencia turística a los chinos pero no lo veo claro). Y cualquier excusa es buena: terrorismo, inmigración ilegal, etc… Pero el hecho es uno: impedir que la gente se mueva libremente por el planeta en el que habitan. Un derecho tan simple que se les otorga a todos los animales (cientos de páginas de jurisprudencia internacional y de muchos paises) en sus habitats, somos incapaces de aplicarlo entre nosotros. Dice bien poco de nuestra especie.

Y ahora viene otro apartado, el de los muros mentales que levantamos todos los días para protegernos nosotros mismo o pensar que de esta manera tenemos una vida más tranquila. Muros que se construyen con ladrillos de indiferencia, de incomprensión o simplemente con el muro del desprecio.

¿Y que tiene que ver todo esto en un blog como este? Creo que mucho. Es imperativo que aprendamos de nuestra historia y sepamos ver más allá de las “cosas anecdóticas”. Cosntruir muros de cualquier tipo no lleva más que a bloquear el progreso de la humanidad. Pensar que el de al lado es peor que yo o simplemente que porque es diferente no tiene los mismos derechos lleva a construir muros. Pensar que porque yo soy mejor en algo, o más fuerte, o con más dinero, tengo derecho a más cosas es el origen del camino. Eso lo adobas con una pizca de miedo y como diría el Yedai “es la senda que conduce al lado oscuro”.

Abramos nuestra mente. Para romper los muros primero hay que romper el nuestro y darnos cuenta que es mejor vivir sin ellos alrededor que con ellos. Vuelvo a la frase de mi último post “No nos pararán” y evidentemente los muros son un obstaculo: ROMPAMOSLOS, pero todos, primeros los nuestros y luego los de todos.

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